Chile vs. EE.UU.: qué hay detrás de la amenaza arancelaria y cómo responde el gobierno

Mientras el mundo se prepara para el arranque del Mundial de fútbol, Estados Unidos recordó que fuera de la cancha hay otra competencia en curso: la de los aranceles. En los primeros días de junio de 2026, el Representante Comercial de EE.UU. propuso nuevos gravámenes de un 12,5% a Chile y otros 60 países bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, argumentando que esas naciones no han tomado medidas suficientes para impedir la importación de bienes producidos con trabajo forzoso. Para Chile, la noticia llega en un momento en que las exportaciones mostraban dinamismo: solo en el primer trimestre de 2026 totalizaron 30.307 millones de dólares, un aumento del 14,7% en doce meses.
El contexto: los aranceles que ya existen
El conflicto arancelario con Estados Unidos no comenzó en junio de 2026. Desde el llamado Día de la Liberación de abril de 2025, el gobierno de Donald Trump aplicó un arancel general del 10% a las importaciones chilenas, en el marco de una política que afectó a prácticamente todos sus socios comerciales. Ese gravamen vulneró el espíritu del Tratado de Libre Comercio vigente entre Chile y EE.UU. desde 2004, que había permitido que prácticamente la totalidad del comercio bilateral operara sin aranceles aduaneros desde 2015. La nueva amenaza del 12,5% —todavía en proceso de consulta pública— sumaría una carga adicional sobre esa base ya gravada.
Los sectores más expuestos
| Sector | Exportaciones a EE.UU. | Impacto estimado del arancel 10% | Situación junio 2026 |
| Salmón | 42% de las ventas hacia EE.UU. | Hasta US$ 1.400 mill. en impacto directo e indirecto | Alertado; en proceso de negociación |
| Fruta fresca | Relevante contraestacionalidad | Competitividad amenazada frente a Chile vs. Marruecos | En consulta pública USTR |
| Vino | Mercado EE.UU. tercer destino global | Presión de precio en origen | Gremio coordinado con Cancillería |
| Cobre | Exportaciones mayoritarias a Asia | Menor exposición directa a EE.UU. | Impacto indirecto vía precios globales |
Para la industria del salmón, el impacto es el más documentado. Según un análisis de la academia, un alza del 10% en el costo de importación provocaría una caída cercana al 22% en el valor de las exportaciones a EE.UU. Chile tiene una cuota del 55% del mercado salmonero estadounidense, por lo que cualquier encarecimiento del producto traslada parte de esa demanda hacia competidores directos como Noruega y Canadá, que operan con arancel cero o condiciones más favorables. El presidente de SalmonChile, Arturo Clément, fue directo: cualquier arancel por encima del 10% es muy negativo para la industria.
La respuesta del gobierno: diálogo y negociación
El canciller Francisco Pérez Mackenna encabezó el 9 de junio una reunión con los principales gremios exportadores para definir una estrategia coordinada. La Cancillería chilena confirmó que usará todas las herramientas institucionales disponibles para defender el libre comercio y que Chile se posicionará como un socio confiable y estable frente a Washington. La estrategia pasa por participar activamente en el proceso de consulta pública del USTR —con plazo hasta el 22 de junio— y por argumentar que los sectores afectados no tienen vínculos con trabajo forzoso.
El gobierno también plantea una negociación de largo plazo para recuperar el arancel cero en productos complementarios con EE.UU., como la fruta fresca fuera de temporada y el salmón. Esa vía requiere tiempo y una relación bilateral que en el contexto de la administración Trump está permanentemente bajo tensión.
Lo que está en juego para Chile
Chile construyó su modelo de desarrollo sobre la apertura comercial. Tiene más de 30 acuerdos de libre comercio vigentes, el mayor número per cápita de América Latina. La disputa con EE.UU. no solo amenaza ingresos exportadores; desafía el modelo mismo. Si el mayor socio comercial del hemisferio decide que los acuerdos vigentes ya no operan como antes, la señal para otros mercados es negativa. La posición chilena —negociar, no confrontar— tiene sentido diplomático, pero supone que el interlocutor esté dispuesto a escuchar. Esa es la apuesta del gobierno Kast en una ecuación que aún no tiene resultado.